Unas 282 mil personas viven con tuberculosis en las Américas.
Según la Organización Panamericana de la Salud, los países de las Américas pueden poner fin a la tuberculosis en 2030 si se aceleran las acciones necesarias para alcanzar esta meta.
En el Día Mundial de la Tuberculosis, la OPS llama a asegurar el acceso universal al tratamiento, el diagnóstico temprano y la financiación sostenible de los programas de esta enfermedad.
La persistencia de la tuberculosis se debe, en gran medida, a inequidades sociales y económicas que se mantienen en la región. Desde 2015, las muertes disminuyeron en promedio un 2,5% anual y los casos nuevos un 1,6%, pero necesitan descender el 12% y 8% anual respectivamente para seguir decayendo hacia 2030, indica el informe de la OPS de septiembre de 2018.
En las Américas, más de 50 mil personas, casi la mitad de ellas menores de 15 años, no saben que tienen la enfermedad ni recibieron tratamiento. El uso de pruebas moleculares rápidas de diagnóstico, una nueva herramienta que podría contribuir a cerrar la brecha, fue limitado al 13% de los casos diagnosticados, una pequeña mejoría respecto al 9% de 2016.
El tratamiento para la tuberculosis ha salvado miles de vidas. Sin embargo, en los últimos 5 años el 75% de los pacientes tuvieron un tratamiento exitoso, un porcentaje inferior al 90% o más que se aspira alcanzar. Por eso, la recomendación a los países es mejorar el seguimiento de los pacientes para asegurar su adherencia al tratamiento (8,6% lo abandonan), entre otras cosas.
Por otra parte, la tuberculosis multirresistente representa una grave amenaza, con un número estimado de 11.000 personas actualmente en la región afectadas por esta forma de la enfermedad. La tasa de éxito de tratamiento en estos casos cae al 56%.
Para acelerar el avance hacia la eliminación de la tuberculosis, especialmente en los países que concentran la mayor carga de la enfermedad, la OPS recomienda: acelerar la implementación de los pruebas moleculares rápidas de diagnóstico; promover el estudio de contactos de personas con tuberculosis, especialmente en los menores de 15 años; acelerar la implementación de nuevos medicamentos; asegurar el financiamiento con recursos propios por sobre la dependencia de fondos externos; trabajar con las poblaciones vulnerables que requieren un abordaje especial; y contar con la participación activa de la sociedad civil.




